De la uva, el orujo

“Una gota de aguardiente deja el estómago caliente y hace al hombre fuerte y valiente” dice el refranero popular y esto parece ser así desde tiempos muy remotos.

 

Ya los egipcios utilizaban métodos de destilación para obtener alcohol pero tanto esta palabra como el vocablo alambique, instrumento comunmente utilizado para la producción de estos licores, contienen claras referencias árabes.

 

Estos enlaces con siglos pasados dan idea de lo ancestral de un producto que se define como bebida espiritosa que, por destilación, se saca del vino y de otras sustancias. Este alcohol diluido en agua se caracteriza por su alta graduación.

 

Esta procedencia vitivinícola es la que probablemente más sentido dé a la elaboración de estos productos en una comunidad tan vinculada con el vino como es Castilla y León. Aunque en el norte del país la mística que rodea al aguardiente sea mayor, en cada pueblo de esta región en la que haya un bodeguero se hará un aguardiente.

 

Recolectados los orujos de la uva se fermentan estos, pasando el producto resultante a macerar durante meses con diferentes hierbas que darán uno u otro matiz a cada licor.

 

Como también pone de manifiesto el dicho, el aguardiente siempre viene bien, ya que ‘calienta en invierno y refresca en verano’ así que siempre habrá lugar para un trago amparado por la marca del corazón amarillo después de una comida llena de productos ‘Tierra de Sabor’.

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