D.O.P. CIGALES: UNA PORTENTOSA HISTORIA VITIVINÍCOLA

 

Es probable que pocas personas sepan que Cigales perteneció a Valladolid entre 1289 y 1314, y que en la corte del rey Sancho IV, ya en 1293, está documentada la compra de más de 200 cántaras de vino de Cigales. En el testamento del Conde Ansúrez, en 1095, se citan los viñedos del Bajo Pisuerga. Las Ordenanzas de 1423, sobre la extensión de la jurisdicción de Valladolid, señalan que los que cultivaban viñas en Zaratán, Fuensaldaña, Arroyo, Pedrosilla, Cigales y Mucientes podían meter sus vinos en las bodegas de Valladolid. La Historia vitivinícola de Cigales y su entorno muestra su poderío y su organización en épocas tan lejanas que otras zonas se miraron en ella para progresar. La admiración crece todavía cuando avistamos sus castillos, Fuensaldaña, Trigueros del Valle, Mucientes, que aún hoy parecen vigilar los viñedos y guardan a Valladolid. 

   

Desde 1991, en que se reconoce como Denominación de Origen, Cigales ha vuelto a conquistar a los consumidores con sus rosados modernos que han tomado el relevo de aquellos que eran los preferidos en todo el Norte de España. Pero además, en la D.O.P. Cigales se han consolidado poco a poco, alcanzando las primeras posiciones, los tintos espectaculares que ya se encuentran en el grupo de los mejores tintos de España.

 

No ha sido fácil, ya que el buen hacer de sus viticultores, técnicos y elaboradores tiene que sacar partido a los suelos franco arenosos de las laderas y terrazas de ambas orillas del río Pisuerga;  a cultivar a 750 m de altura, soportando los inviernos duros y el estío fuerte y prolongado; a las noches frescas de agosto y septiembre, que permiten madurar lentamente y en el límite a las uvas y que consiguen mantener la acidez que hará vivos los vinos, y por último, a sacar partido a los matices que aportan la Garnacha, el Verdejo, el Albillo Mayor, la Tinta del País en los rosados primorosos y en los tintos fantásticos que aún van a ganar todavía más posiciones en la cabecera de los tintos del mundo, con la leve y suave aportación de variedades como Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah.

     

No podemos perder la oportunidad de comprobar por qué príncipes y reyes ya desde el siglo XI gustaban de guardar como un tesoro los vinos de esta zona, valorando su exquisitez que cada año se renueva para todos nosotros.

 

Jose Antonio Rubio Cano

Jefe de Unidad de Cultivos Leñosos y Hortícolas.  Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León

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