Los lloros de la vid, una señal del renacer de la planta

Generalmente en nuestra tierra, en Castilla y León, marzo suele confirmar algunos de los refranes que le adjetivan como “traidor, unos días hace frío y otros calor”.  A las puertas de la primavera es habitual que se alternen pequeños periodos frescos con varios días de ambiente templado ó incluso caluroso. Las plantas comienzan a reaccionar a estas señales y en algunos casos empiezan a producirse algunas muestras de actividad.

 

En el caso de la vid, el observador concienzudo apreciará al recorrer con atención los viñedos, limpios y bien cuidados después de la poda, que en los cortes de sarmientos y brazos salen unas gotas cristalinas que en nuestro afán de humanizar muchos de los procesos naturales denominamos “lloros de la vid”. Además de constituir una imagen interesante y de aludir a aspectos sentimentales, se trata de un conjunto de procesos físico-químicos que se producen cuando las condiciones ambientales van cambiando hacia otra estación.

 

Cuando el suelo se calienta un poco más de lo que está en invierno, fruto de algunos días ya agradables, de temperaturas algo más suaves de final del invierno y de la acción del sol, que va teniendo cada día más fuerza, el sistema radicular de las cepas comienza  a entrar en actividad. Tiene lugar una recuperación de la absorción de agua y de elementos minerales del suelo, por efectos de fenómenos de presión osmótica, esa presión de las raíces se transmite de manera ascendente y al no tener vegetación, exuda por las heridas de poda. Los lloros pueden durar unos pocos días ó hasta dos o tres semanas, dependiendo de los portainjertos, de las variedades y del estado de las cepas. En contra de lo que puede parecer, no debilitan a la cepa y después de unos días, el efecto de algunas bacterias y de la composición del propio líquido que exuda, forman una masa mucilaginosa que cubre y obtura las heridas, cortando el flujo. 

 

Así pues, aunque parezca que las cepas están “sufriendo” al final del invierno, se trata simplemente de la primera señal de que de nuevo, el flujo de la vida, el renacer anual de las plantas se pone en marcha una vez más, aunque aún quedan varias semanas para la brotación, el signo de que el ciclo vegetativo está realmente en marcha.

 

  

José Antonio Rubio Cano.

Jefe de la Unidad de Cultivos Leñosos y Hortícolas.       

Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl)

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