La Semana Santa es una época de profunda tradición y celebración en España… ¡Y mucho en Castilla y León! En nuestra comunidad contamos con ocho Semana Santa declaradas de interés turístico Internacional. A la imaginería, el entorno de la ciudad, la devoción y las peculiaridades de cada zona, se les une, también, una rica y variada gastronomía típica de estos días. Acompáñanos en este delicioso recorrido por estas ocho Semana Santa en los que la gastronomía juega un papel central.

Ávila

El marco incomparable de la ciudad hacen única la Semana Santa de Ávila. Una de las procesiones más importantes es la que se celebra el Miércoles Santo, la del Cristo de las Batallas, que sale del convento de Mosén Rubí. La imagen titular es un pequeño busto del siglo XV que acompañó a los Reyes Católicos en sus campañas bélicas, de aquí su nombre

¿Y de comer? Pues uno de los platos más destacados es el hornazo que se disfruta el Domingo de Resurrección en la romería que se celebra junto a la ermita del Resucitado, tras las procesión del mismo nombre. Este manjar se elabora con una masa especial, lomo, chorizo, jamón, panceta y huevo, que combinados, otorgan un sabor único y característico.

León

La tradición de la Semana Santa leonesa, que se remonta al siglo XVI, contempla por igual arte y devoción. Arte con los incomparables pasos que participan en sus procesiones; obras de los talleres de Juan de Juni, Gregorio Fernández, Luis Salvador Carmona, Víctor de los Ríos y Francisco Díez de Tudanca, entre otros. Devoción con sus dieciséis cofradías y Hermandades, sus cofrades, denominados popularmente “papones”.

Y no puede faltar la limonada, el buque insignia de la gastronomía en Semana Santa en León. Se trata de una bebida elaborada a base de vino, limón, azúcar y canela, fundamentalmente. A veces incluye otros frutos como naranjas o higos, y su color recuerda a la sangría. En el contexto de esta celebración, en León, cuando alguien va a tomar limonadas dice que “va a matar judíos”.

Medina del Campo

La Semana Santa de Medina del Campo cuenta con las más antiguas procesiones de disciplina de España. Fue el dominico San Vicente Ferrer, en 1411, quien instituyó estas procesiones, siendo esta villa la primera que representó la Pasión de Cristo por sus calles.

Además de las procesiones, la Semana Santa en Medina del Campo también ofrece la oportunidad de disfrutar de la buena gastronomía: el potaje de garbanzos, el bacalao o las torrijas son imprescindibles.  Además, es costumbre la tarde de Jueves Santo recorrer siete iglesias visitando al Santísimo en los altares preparados para ello; otra costumbre ligada a ella es la de recorrer siete mesones o tabernas, en las que es tradición beberse un vaso de limonada.

Medina de Rioseco

Constituye una de las manifestaciones más importantes del panorama español por la belleza de sus tallas, realizadas por los imagineros más relevantes de los s. XVI y XVII.

Las primeras cofradías penitenciales riosecanas nacieron al amparo de los franciscanos en el convento de la localidad en el XV. Las cofradías históricas de la Vera Cruz, la Quinta Angustia y Soledad y la Pasión, se refundaron en las dieciséis actuales con un total de veinte pasos. Las procesiones más importantes son la del Mandato (Jueves Santo), y la del Dolor (Viernes Santo).

Y es el Viernes Santo, ya desde media mañana bares, restaurantes, cafeterías, reposterías, panaderías y pastelerías, se llenan de turistas y riosecanos que tras visitar los pasos expuestos, museos y monumentos, comparten un aperitivo o realizan las compras de los productos tradicionales de la ciudad. Al finalizar la procesión, las cofradías de este día celebran las tradicionales «Cenas», consistentes esta vez en alubias estofadas, acompañadas de bacalao y lechazo asado

Palencia

Palencia mantiene activas cuatro de las cofradías penitenciales más antiguas que se crearon en la Vieja Castilla a partir del Concilio de Trento. Esto da una idea de la vitalidad de su Semana Santa.

Las tradicionales carracas son sustituidas en Palencia por el original «tararú» que identifica las paradas y reanudación del desfile a través del toque de trompeta y el coro de niños.

Y que decir de su gastronomía: sopas de ajo, menestra de verduras palentina, patatas a la importancia… Y en cuanto a los dulces y postres, no pueden faltar las rosquillas de palo, elaboradas con aguardiente con la misma receta que siglos atrás, o las rosquillas bañadas con azúcar lustre y claras, que se han convertido en un clásico

Salamanca

Una de las costumbres que ha permanecido incorruptible a lo largo de los años en la Semana Santa de Salamanca es la celebración de ‘Los Oficios’ en la capilla de la vieja Universidad, junto a las cenizas de Fray Luis.

Es el Jueves Santo cuando se hace este acto litúrgico y académico, que entre los docentes está considerado como claustro extraordinario. Cuando antiguamente ‘los oficios’ se rezaban por la mañana, a los claustrales se les obsequiaba con un desayuno a base de chocolate, bizcochos y azucarillos.. 

En la provincia de Salamanca, en la Sierra de Béjar y la Sierra de Francia el Jueves Santo y el Domingo de Ramos en Alba de Tormes, es típico un “contundente” desayuno que se llama: el limón serrano. Este plato es 100% salmantino y está compuesto por rodajas de limón y naranja con huevo, chorizo, ajo frito y todo ello aderezado con aceite, vino tinto y sal.

Valladolid

La Semana Santa de Valladolid arranca en el siglo XV y se reorganiza en el año 1920 a cargo del arzobispo Gandásegui y los escritores Cossío y Agapito y Revilla. En aquel año encontraron en los sótanos del entonces Museo Provincial de Bellas Artes (Palacio de Santa Cruz), desperdigados, muchos de los sayones que componían el historiado de los viejos pasos. Reunir de nuevo las piezas de aquella especie de puzzle a lo divino fue una aventura apasionante en la que todavía están los investigadores del arte imaginero.

Torrijas, crujientes pestiños, buñuelos, rosquillas, hojuelas, leche frita… Los dulces son indispensables en la Semana Santa de Valladolid. Uno de los más demandados estos días es el Pastel Penitente, que desde el año 2012 se ha hecho imprescindible, fue creado por los artesanos miembros de la Asociación de Confitería.

Zamora

La Semana Santa es el acontecimiento social y religioso más importante de la ciudad. La ciudad en pleno participa con fervor y austeridad de este sentir, que alcanza varios momentos muy intensos a lo largo de los diez días en que la ciudad se ve inmersa en sus procesiones. Diecisiete son las cofradías que desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, convierten las calles de la ciudad en un museo vivo que siente la pasión, muerte y resurrección de Cristo, representándola con sus más de 40 pasos

¡Y la gastronomía está muy presentes! Dulces típicos como las aceitadas, el desayuno de las sopas de ajo el Viernes Santo o el indispensable “Dos y Pingada” (dos huevos fritos y una loncha magra de jamón pasada a la sartén) para poner el punto y final delicioso a la Semana Santa.